
domingo, 6 de mayo de 2007
Las F.A.Q. del Dr. Malarrama

sábado, 5 de mayo de 2007
El Dr. Malarrama se emborracha
JUNGLE JULIA: ¿Y tú qué vas a tomar? TÍO BABOSO: Un Bombay Sapphire con tónica.
JUNGLE JULIA: (chasqueando los dedos) Tú si que sabes...
Mi largo idilio con esta marca de ginebra bendita se lo debo a El Moderator. ¿Quién es El Moderator?, preguntarán algunos lectores. Difícil de explicar, pero intentémoslo. Lo primero sería decir que El Moderator es un hombre cabal, hecho y derecho que se viste por los pies y (esto es lo más importante) que sabe distinguir entre etiqueta y buen gusto, cualidades ambas, empero, posee en abundancia. En segundo lugar habría que hablar de su misión en el mundo. Su existencia en el plano material está justificada por la tarea que le hemos encomendado un grupo de amigos con conciencias y personalidades alteradas a los que a partir de ahora denominaré "zombis", entre los cuales me incluyo. Dicha tarea consiste en Moderarnos, es decir, aplicar con magnanimidad salomónica sus nociones de etiqueta y buen gusto para callarnos la boca cuando decimos alguna memez, darnos una palmadita en la espalda cuando estamos tristes y mostrarnos el camino de la sabiduría en cuestiones tan diversas como:
a. Literatura ("A Cortázar no hay quien lo lea")
b. Música ("Ese Dylan es un dinosaurio, escuchen a Jetro Thull")
c. Gastronomía ("¿Cuándo fue la última vez que estuvo en un tres estrellas de la Michelin, Dr. Malarrama?")
d. Bebidas alcohólicas ("Escúchenme bien porque voy a explicarles lo que es exactamente un Grand Cru")
Siguiendo el hilo de "d." les contaré lo que ocurrió el día en que gracias a las enseñanzas de El Moderator yo también comprendí la diferencia entre etiqueta y buen gusto, que es la misma diferencia que hay entre conducir un Mercedes y un Rolls. Ese día estábamos los dos sosteniendo la barra de un bar y yo pedí un gin-tonic, cosa que yo por aquel entonces consideraba elegante y varonil (es decir: una muestra de etiqueta y savoir faire) siempre que te quites las gafas de sol, o al menos el sombrero, antes de pedírselo a la camarera. Pero hete aquí que, al escucharme, El Moderator chasqueó la lengua negando en silencio con la cabeza. "Póngale un Bombay Sapphire con tónica a este zombi fariseo", le dijo a la camarera.
Buen gusto. ¿Saben ahora a lo que me refiero? Desde entonces, siempre que me ha apetecido un gin-tonic, he pedido lo mismo.
Mi devoción por esta santa bebida es tal que incluso soy hombre de beber ginebra a palo seco ("bareback", como dirían algunos de mis compañeros zombis). Dos o tres copas de este líquido de la alegría me dejan tumbado como el alfeñique que soy, claro está, pero si la ginebra es Bombay Sapphire uno nunca pierde el conocimiento. El Sapphire tiene una gran cualidad: allí donde otras ginebras te llevarían irremisiblemente al coma etílico, ésta te transporta a la misma dimensión de un Lucy in the Sky with Diamonds o, en el peor de los casos, a la de I am the Walrus. Sólo tiene un problema, al menos en lo que a mí respecta. En mí provoca un extraño efecto secundario cuya causa, hasta la fecha, soy incapaz de determinar. Después de unas cuantas copas de Sapphire soy incapaz de comprender cualquier chiste.
No es la primera vez que me pasa, lo admito. Tengo un problema con los chistes. En general, no los comprendo. No creo que el problema esté en que no me gusten los chistes, al contrario, cuanto más estúpido, más me río. Lo que pasa es que, habitualmente, encuentro que tienen graves errores de verosimilitud. Esto es algo que no me ocurre con todos los chistes. Verán, los de Bilbainos, por ejemplo, los entiendo. ¿Por qué los de Bilbaínos sí? Pues porque son completamente verosímiles. Siempre hablando del tamaño de sus penes, lanzando bravatas a la de "aquí no hay cojones", presumiendo de su poderío económico y de su viril reciedumbre. Los Bilbaínos son así. Ahora que, lo que es el resto de chistes, me quedo con cara de pasmo cuando me los cuentan. Y el Bombay Sapphire agudiza esta peculiaridad mental. ´
Así ocurrió la semana pasada. Fui con unos amigos a una fiesta de entrega de unos premios literarios, cuyo primer premio fue otorgado a un colega mío y a mí se me concedió una mención de finalista por un cuento que escribí sobre el General Noriega, la C.I.A., el incesto, violaciones y automutilación facial, titulado "Porque le quiero". Pues bien, después de dos o tres Bombay Sapphire con tónica, uno de mis compañeros se dispuso a contar un chiste "que a usted le hará mucha gracia, Dr. Malarrama".
El chiste era el siguiente:
"Batman y Robin están en el Batmóvil rumbo a la Batcueva, cuando Robin le pide a su mentor:
ROBIN: Oye, Batman, ¿me dejarías conducir el coche un rato?
BATMAN: Venga, pero ten cuidado al meter las marchas.
ROBIN: Vale.
BATMAN: Mete primera.
Brum-Brum
BATMAN: Mete segunda.
Bruum-Bruum-Bruum
BATMAN: Tercera.
Bruuum-Bruuum-Bruuum-Bruuuum
BATMAN: ¡Sigue así, Robin! ¡Cuarta!
Bruuuum-Bruuuum-Bruuuum-Bruuuum-Bruuuum
BATMAN: ¡¡¡¡¡¡¡Quinta!!!!!!!!
Bruuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuum
Total, que llegan a la Batcueva. Batman, fuera de sí ya. Se para el coche y Robin le pregunta a Batman.
ROBIN: ¿Qué tal lo he hecho, Batman?
BATMAN: Muy bien Robin. Y ahora, ¿qué tal si me das un besito para acabar?"
Cara de pasmo. Que Batman es un payaso pederasta ya lo sabíamos, le dije al dueño del chiste, ¿dónde está la gracia? "En que el Batmóvil tiene el cambio automático, merluzo", me contestó. ¿Y?, respondí. "Pues que no tiene palanca para cambiar de marchas". Perdona, dije tomando otro sorbo del Bombay Sapphire, pero los coches automáticos sí tienen palanca para cambiar de marchas. "Bueno, pero sólo tienen dos posiciones, no cinco". Eso es totalmente falso, el Coche Fantástico tenía cambio automático, tenía palanca y cinco posiciones: P, R, N, D, S. El chiste que has contado es completamente inverosímil, narrativamente no se sostiene y cualquier niño que se vista por los pies no se lo creería. A lo que respondió: "Dr. Malarrama, ¡¡Batman no existe!!"

viernes, 4 de mayo de 2007
El Dr. Malarrama va al cine
Lo de ir al cine es un decir. Porque últimamente me ahorro mi buen dinerito bajándome películas de la mula, que es algo que no se puede decir en un foro semi-público como éste, porque se presentan los guripas en tu casa y te empapelan. Recompóngase la imagen: no estaba sentado en una butaca con un enorme cubo de palomitas, sino arrellanado en mi fouton de Ikea con un porro colocado entre el dedo índice y el medio. Se hacen ya una idea, ¿no? ¿Y qué película había escogido el Dr. Malarrama para darse ese festín de droga y celuloide con el que pretendía matar el tiempo este pasado puente? Pues DEATH PROOF, lo último de Tarantino.
¿Hay algo mejor que una película de Tarantino para pasar un largo puente? No, no lo hay.
Ya sé, ya sé qué es lo que están pensando. Otro cínico admirador de Tarantino. Pero el tener una cartera grabada con la expresión "Bad Motherfucker" y un llavero que reza "Coñoneta", no quiere decir que sea yo uno de esos Tarantinófilos. ¿Acaso han deducido que había algún tipo de relación entre mis exquisitos gustos cinematográficos y el hecho de que me decantara por una película cuyo tema principal es "mujeres desmembradas"? Craso error. Yo soy un hombre sensible y las razones por las que me gusta Tarantino son las siguientes:
1. Sus personajes femeninos recitan poesía de Robert Frost mientras toman Bombay Sapphire con tónica en bares de Texas.
2. Sus personajes femeninos saben distinguir a Johnny Cash de Bob Dylan y prefieren, invariablemente, al primero.
3. Sus personajes femeninos enseñan el talón muy desnudo de su pie en todas las películas.
4. Sus personajes femeninos son Superman pero intentan fingir que son Clark Kent.
5. Sus personajes femeninos son tías muy listas y sensibles, ejem.
Razones suficientes, ¿no? Pues como iba diciento, estaba yo con mi porro y escuchando a Kurt Russell decir esas cosas tan divertidas que dice en la película, cuando me di cuenta de que algo iba mal. Sí, los corruptos humos que habían invadido mis pulmones habían hecho su efecto y tenía ante mis ojos la MEJOR PELÍCULA DE LA HISTORIA DEL UNIVERSO. Hace unos días una amiga hacía una de esas preguntas retóricas cuya respuesta conoce todo el mundo: "¿Sabéis cuando te has fumado un porro de más y estás viendo los Soprano y todo lo que dice Tony parece lleno de significado y con unos dobles sentidos ingeniosísimos?". Mudos y solemnes asentimos todos los amigos que rodeábamos aquel día a Dirty-Sánchez Sara. Claro, que con una película de Tarantino a mi lo que me pasa es lo siguiente:
1. Cada vez que aparece un contraplano prolongado de un hombre maduro soltando una larga y sentida parrafada con un fondo crepuscular me cago en la madre que parió a John Ford, le llamo principiante en voz alta (con el gin-tonic de Bombay Sapphire en alto, claro) y me refiero a Tarantino en términos de "puto amo".
2. Cuando los personajes están sentados en la mesa de un bar, hablando (no nos olvidemos de que es una película de Tarantino), empiezo a cronometrar el tiempo que dura el plano fijo o plano secuencia, invocando en voz alta al fantasma de Orson Welles y gritando: "¡Manténlo! ¡Manténlo! ¡Diez minutos! ¡Once! ¡A tomar por culo, Bela Tarr!"
3. Paso a cámara lenta los planos fijos de quince segundos de una jukebox cambiando de disco o café sirviéndose en una taza, buscando en ellos alguna profunda alegoría de la vida.
4. Apunto frases que uno no sabe cuándo puede necesitar:
STUNTMAN MIKE: Back in the all or nothing days, the Vanishing Point days, the Dirty Mary Crazy Larry days, the White Line Fever days, they had real cars crashing into real cars and real dumb people driving em.
o
REDNECK TEJANO: ¿Cuál es tu nombre?
ROSARIO DAWSON: Abernathy
REDNECK TEJANO: ¿Qué clase de nombre es ése?
ROSARIO DAWSON: Llámame Abby.
REDNECK TEJANO: ¿Por qué está vestida así tu amiga?
ROSARIO DAWSON: Porque estamos trabajando en una película de animadoras y ella es una de las animadoras.
REDNECK TEJANO: ¿Qué es una película de animadoras?
ROSARIO DAWSON: Es una película SOBRE animadoras.
REDNECK TEJANO: ¿Es porno?
ROSARIO DAWSON: ¡Sí! Pero no se lo menciones a ella. Es tímida.
Vamos, que con el colocón que llevaba no me enteré de nada de la película. En resumen, una obra maestra.
Dr. Malarrama.
