sábado, 5 de mayo de 2007

El Dr. Malarrama se emborracha

JUNGLE JULIA: ¿Y tú qué vas a tomar?

TÍO BABOSO: Un Bombay Sapphire con tónica.

JUNGLE JULIA: (chasqueando los dedos) Tú si que sabes...



Las películas de Tarantino es lo que tienen. De cuando en un cuando, un personaje suelta una verdad inapelable como la de arriba, una de esas verdades que, por muy privadas que sean, sabes que son un dogma de fe de aplicación universal del cual, crees, sólo tú o, en el peor caso, un círculo muy selecto de seres humanos, tienen conocimiento. Hasta que llega el día en que una locutora bad-ass tejana como JUNGLE JULIA sale con lo del Bombay Sapphire y, de repente, te sientes menos solo en el mundo.

Mi largo idilio con esta marca de ginebra bendita se lo debo a El Moderator. ¿Quién es El Moderator?, preguntarán algunos lectores. Difícil de explicar, pero intentémoslo. Lo primero sería decir que El Moderator es un hombre cabal, hecho y derecho que se viste por los pies y (esto es lo más importante) que sabe distinguir entre etiqueta y buen gusto, cualidades ambas, empero, posee en abundancia. En segundo lugar habría que hablar de su misión en el mundo. Su existencia en el plano material está justificada por la tarea que le hemos encomendado un grupo de amigos con conciencias y personalidades alteradas a los que a partir de ahora denominaré "zombis", entre los cuales me incluyo. Dicha tarea consiste en Moderarnos, es decir, aplicar con magnanimidad salomónica sus nociones de etiqueta y buen gusto para callarnos la boca cuando decimos alguna memez, darnos una palmadita en la espalda cuando estamos tristes y mostrarnos el camino de la sabiduría en cuestiones tan diversas como:

a. Literatura ("A Cortázar no hay quien lo lea")

b. Música ("Ese Dylan es un dinosaurio, escuchen a Jetro Thull")

c. Gastronomía ("¿Cuándo fue la última vez que estuvo en un tres estrellas de la Michelin, Dr. Malarrama?")

d. Bebidas alcohólicas ("Escúchenme bien porque voy a explicarles lo que es exactamente un Grand Cru")

Siguiendo el hilo de "d." les contaré lo que ocurrió el día en que gracias a las enseñanzas de El Moderator yo también comprendí la diferencia entre etiqueta y buen gusto, que es la misma diferencia que hay entre conducir un Mercedes y un Rolls. Ese día estábamos los dos sosteniendo la barra de un bar y yo pedí un gin-tonic, cosa que yo por aquel entonces consideraba elegante y varonil (es decir: una muestra de etiqueta y savoir faire) siempre que te quites las gafas de sol, o al menos el sombrero, antes de pedírselo a la camarera. Pero hete aquí que, al escucharme, El Moderator chasqueó la lengua negando en silencio con la cabeza. "Póngale un Bombay Sapphire con tónica a este zombi fariseo", le dijo a la camarera.

Buen gusto. ¿Saben ahora a lo que me refiero? Desde entonces, siempre que me ha apetecido un gin-tonic, he pedido lo mismo.

Mi devoción por esta santa bebida es tal que incluso soy hombre de beber ginebra a palo seco ("bareback", como dirían algunos de mis compañeros zombis). Dos o tres copas de este líquido de la alegría me dejan tumbado como el alfeñique que soy, claro está, pero si la ginebra es Bombay Sapphire uno nunca pierde el conocimiento. El Sapphire tiene una gran cualidad: allí donde otras ginebras te llevarían irremisiblemente al coma etílico, ésta te transporta a la misma dimensión de un Lucy in the Sky with Diamonds o, en el peor de los casos, a la de I am the Walrus. Sólo tiene un problema, al menos en lo que a mí respecta. En mí provoca un extraño efecto secundario cuya causa, hasta la fecha, soy incapaz de determinar. Después de unas cuantas copas de Sapphire soy incapaz de comprender cualquier chiste.

No es la primera vez que me pasa, lo admito. Tengo un problema con los chistes. En general, no los comprendo. No creo que el problema esté en que no me gusten los chistes, al contrario, cuanto más estúpido, más me río. Lo que pasa es que, habitualmente, encuentro que tienen graves errores de verosimilitud. Esto es algo que no me ocurre con todos los chistes. Verán, los de Bilbainos, por ejemplo, los entiendo. ¿Por qué los de Bilbaínos sí? Pues porque son completamente verosímiles. Siempre hablando del tamaño de sus penes, lanzando bravatas a la de "aquí no hay cojones", presumiendo de su poderío económico y de su viril reciedumbre. Los Bilbaínos son así. Ahora que, lo que es el resto de chistes, me quedo con cara de pasmo cuando me los cuentan. Y el Bombay Sapphire agudiza esta peculiaridad mental. ´

Así ocurrió la semana pasada. Fui con unos amigos a una fiesta de entrega de unos premios literarios, cuyo primer premio fue otorgado a un colega mío y a mí se me concedió una mención de finalista por un cuento que escribí sobre el General Noriega, la C.I.A., el incesto, violaciones y automutilación facial, titulado "Porque le quiero". Pues bien, después de dos o tres Bombay Sapphire con tónica, uno de mis compañeros se dispuso a contar un chiste "que a usted le hará mucha gracia, Dr. Malarrama".

El chiste era el siguiente:

"Batman y Robin están en el Batmóvil rumbo a la Batcueva, cuando Robin le pide a su mentor:

ROBIN: Oye, Batman, ¿me dejarías conducir el coche un rato?

BATMAN: Venga, pero ten cuidado al meter las marchas.

ROBIN: Vale.

BATMAN: Mete primera.

Brum-Brum

BATMAN: Mete segunda.

Bruum-Bruum-Bruum

BATMAN: Tercera.

Bruuum-Bruuum-Bruuum-Bruuuum

BATMAN: ¡Sigue así, Robin! ¡Cuarta!

Bruuuum-Bruuuum-Bruuuum-Bruuuum-Bruuuum

BATMAN: ¡¡¡¡¡¡¡Quinta!!!!!!!!

Bruuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuum

Total, que llegan a la Batcueva. Batman, fuera de sí ya. Se para el coche y Robin le pregunta a Batman.

ROBIN: ¿Qué tal lo he hecho, Batman?

BATMAN: Muy bien Robin. Y ahora, ¿qué tal si me das un besito para acabar?"

Cara de pasmo. Que Batman es un payaso pederasta ya lo sabíamos, le dije al dueño del chiste, ¿dónde está la gracia? "En que el Batmóvil tiene el cambio automático, merluzo", me contestó. ¿Y?, respondí. "Pues que no tiene palanca para cambiar de marchas". Perdona, dije tomando otro sorbo del Bombay Sapphire, pero los coches automáticos sí tienen palanca para cambiar de marchas. "Bueno, pero sólo tienen dos posiciones, no cinco". Eso es totalmente falso, el Coche Fantástico tenía cambio automático, tenía palanca y cinco posiciones: P, R, N, D, S. El chiste que has contado es completamente inverosímil, narrativamente no se sostiene y cualquier niño que se vista por los pies no se lo creería. A lo que respondió: "Dr. Malarrama, ¡¡Batman no existe!!"




Batman o no Batman, una palanca de cambios automáticos es una palanca de cambios automáticos y no la polla de un superhéroe. En resumen, tomen Bombay Sapphire, compañeros, verán el mundo de una forma más realista, como el Dr. Malarrama.

9 comentarios:

Goio dijo...

Me alegra saber que usted siempre sabra distinguir si toca polla o palanca.

Dr. Malarrama dijo...

Cuando bebo Sapphire, siempre.

serguei dijo...

Cambie al vodka de vez en cuando. En la variedad esta el gusto.

Ilse dijo...

Vaya post te has ingeniado para justificar que cada día eres más borrachuzo. Mi justificación es mejor y ya lo he contado más veces: Si la reina madre llegó a los 101 bebiendo ginebra... ¿Por qué yo no?

El chiste de Batman no es que sea inverosímil, es que es malo. Como irse de putas. :p

Carlitos dijo...

Carpe diem ¡vive a tope, malarrama!

Queer Enquirer dijo...

Lo de Bombay Sapphire ese suena a bebida más gay incluso que el coctel Cosmopolitan que suele pedir Carrie Bradshaw.

Miss Pispis dijo...

Yo el chiste es que no lo pillo...

"un grupo de amigos con conciencias y personalidades alteradas a los que a partir de ahora denominaré "zombis", entre los cuales me incluyo"

Me parto de la risa...

:D

Dr. Malarrama dijo...

Miss Pispis (acento en la primera sílaba): Usted no entiende el chiste porque es una mujer inteligente, como yo. Bueno lo que quiero decir no es que yo sea también una mujer inteligente, porque de esas dos palabras hay una que no se me puede aplicar, pero, en fin, ya me entienden, ¿no?
Eso sí, no le perdono ni le perdonaré nunca el parecido que me ha sacado con Risto.

Sánchez Dragó dijo...

No ha entendido nada,dr. Malarrama. El chiste de Batman es una metáfora. El autor, uno de esos genios anónomimos que tanto abundan en ESPAÑA (y mi mujer es japonesa) nos quiere decir que Batman no sabe correrse, porque Robin no llega a dar marcha atrás.
Pd: Mi mujer es japonesa.